LAURELIA-CAPÍTULO 1- Cómo llegó al mundo Laurelia





LAURELIA ES UN LIBRO QUE LE ESCRIBÍ A MIS HIJOS Y QUE PUBLICARÉ CAPÍTULO  A CAPÍTULO MIENTRAS LO CORRIJO 15 AÑOS DESPUÉS DE HABERLO ESCRITO.
ESPERO PODER PUBLICARLO ALGÚN DÍA....Y SI NO...AQUÍ ESTARÁ...PARA ELLOS...LA MEJOR PARTE DE MI VIDA...


  I



    Cómo llegó al mundo Laurelia


Laurelia era una niña muy singular, como singular era todo lo relacionado con su existencia. Su madre, una mujer vulgar, de cuerpo huesudo y piel curtida por el trabajo a la intemperie, ni siquiera percibió estar embarazada de su séptimo hijo y siguió llevando una vida totalmente normal mientras Laurelia, se desarrollaba calladamente dentro de su vientre. El padre, un hombre que a pesar de ser adusto y de pocas palabras, era tierno con sus hijos, nunca renegó de tanto trabajo, ni de la extensa prole que había generado su existencia junto a María, su esposa. Trabajaba todo el día, y cuando tenía ocasión las noches, pero no por ello al regresar cansado de sus labores dejaba de brindar un momento a sus seis hijos, a quienes maravillaba con sus cuentos sobre países imaginarios en ostentosos castillos y sobre todo de personas sin ninguna necesidad, de esas que ellos conocían suficiente, más que la de divertirse, reír y jugar. Así, sus retoños crecían con muy pocas comodidades, pero con una imaginación que los hacía ricos por dentro y felices de su existencia. 
Un día María no se pudo levantar para realizar los tantos quehaceres domésticos que la aguardaban. Se sentía cansada y con un leve dolor en las caderas y la espalda. Dándose a sí misma como motivo las dos palanganas de ropa que había restregado el día anterior, decidió que se merecía un descanso y mandó a llamar con Ernesto, el mayor de sus hijos, a su comadre Aurelia para que le diera una manito con los más pequeños.
Cuando Aurelia al fin llegó, María se retorcía de dolor en su cama y los niños asustados habían llamado a la vecina del lado. Tía Laura la llamaban ellos, debido al cariño que se había ido ganando y era considerada casi de la familia. A pesar de su corta edad, Laura tenía 18 años, los niños la respetaban y obedecían aún cuando ella casi no hablaba. Por lo tanto al llegar Aurelia, y frente al cuadro que se estaba desarrollando, Laura salió junto a los niños más pequeños rumbo a su casa para dejarlos con su madre y regreso corriendo para ayudar a la Sra. Aurelia.
La comadre Aurelia, era una mujer robusta, rayana en la obesidad, era ducha en las artes de los remedios caseros. Una mezcla de necesidad, experiencia y dedicación la habían convertido en una especie de gran bruja de la tribu. Sus opiniones eran escuchadas atentamente y sus recomendaciones seguidas al pié de la letra. Por eso en esta ocasión nada mejor que su presencia. 
Lo contrario representaba Laura. A pesar de su edad parecía aún una niña y, tal vez hasta tuviese algo de retardo, porque en el colegio no pudo avanzar más de dos años de la escuela primaria. Sin embargo ninguna como ella para hacer mandados, cuidar niños y jugar con ellos. Era cariñosa, atenta y muy responsable frente a cualquier encargo que se le hiciese. Si la interrogaban sobre algo que ella hubiese visto, como por ejemplo una pelea entre los niños, jamás mentía, ni siquiera por darle el favor a sus preferidos, que generalmente eran los hijos de María y Juan. En cuanto a lo de su inteligencia pasaba desapercibido para todos por allí su falta de dones, ya que para desarrollar la vida que llevaba no se hacía necesario mucho más de lo que sabía y en realidad nadie aspiraba a otra cosa más que formar una familia, tener trabajo y pan para poner en la mesa.
Al entrar a casa de María, Laura de dio cuenta que Aurelia estaba muy nerviosa y por la forma en que le pidió que hirviera un poco de agua y que la llevase al dormitorio, aún con su escasa experiencia pudo soslayar que algo serio estaba aconteciendo, por ello se dispuso a cumplir el encargo con premura. Cuando entró al dormitorio María estaba un poco más tranquila y Aurelia la interrogaba, mientras le palpaba el abdomen, de tamaño normal aunque extrañamente abultado hacia abajo, como con una protuberancia que no era mayor que la causada por un pomelo. 
-Lo extraño- decía Aurelia – es que se mueve- ¿No has pensado María en el embarazo? Tal vez no lo percibiste, pero estás embarazada y, por el tamaño del vientre, yo diría que de unos cuatro meses-
María la miraba estupefacta, no porque tener un hijo más la conmocionase, sino por no haberse dado cuenta antes habiendo sido ya madre de seis. En estos pensamientos estaba cuando Aurelia prosiguió: 
-Claro que por primera vez estoy ante un grave problema contigo, estás perdiendo ese hijo o hija que llevas dentro…este líquido claramente indica que quiere nacer antes de tiempo y con ese tamaño (esto lo dijo mirando el pequeño bulto que el bebé hacía en el abdomen) es muy difícil que viva-
María seguía impávida, no podía entender lo que estaba sucediendo. Ella siempre había sido una mujer fuerte y en ningún otro embarazo había tenido problemas y, si bien en este no se había dado cuenta, la vida que llevó no fue lejana a la que había llevado mientras esperó a sus otros seis hijos. 
Aurelia, como adivinando sus pensamientos agregó: 
-No olvidemos que el cuerpo se desgasta y ya no eres tan joven como con el primero…- luego calló para seguir observando como se desarrollaba la situación y palpó nuevamente el vientre otra vez sacudido por contracciones cada vez más cercanas una de la otra.
De algo estaba convencida María, sus anteriores hijos fueron grandes, uno incluso había llegado a pesar Kg 4,500 y nunca había sentido el dolor que ahora sentía. Como pudo se lo explicó a Aurelia y esta dijo que la causa era que esto no era normal, era una pérdida y seguramente tendrían que trasladarla a un Hospital porque había que pensar en alguna hemorragia. En este punto de la conversación intervino Laura quien preguntó si no sería bueno ir a hablar con el tendero de la vuelta, él tenía una camioneta algo desvencijada, pero para trasladar a María hasta la ciudad serviría. Aurelia dudo y luego dijo: 
-Esperemos un poco a ver que pasa, porque no es cuestión de andarla moviendo en este estado- 
Dicho esto las tres quedaron calladas por largo tiempo, transcurrieron varias horas en las cuales sólo se podían oír cada tanto algún quejido de María. Las tres esperaban, Aurelia concentrada, Laura asustada y María, todavía sin poder creer lo que le estaba sucediendo, pensando en sus hijos si tenía que dejarlos solos, en Juan que tendría que hacerse cargo de la casa, en…De pronto sintió un dolor profundo, venido de lo más recóndito de su ser y luego algo como gelatinoso se deslizó hacia fuera por entre sus piernas…Aurelia salió de su ensimismamiento y vio con sorpresa que una pequeña niña, de no más de 500 gramos, pero perfectamente formada acababa de nacer. La tomó en sus manos, cortó hábilmente el cordón que la mantenía unida a su madre y se aprestó a limpiarla y moverla con el fin de comprobar si vivía, cuando la pequeña emitió un sollozo casi imperceptible, luego abrió sus ojos, unos ojos cafés sorprendentemente grandes y sonrió. Aurelia no cabía en sí de gozo 
–María, es una niña y está viva, no me preguntes cómo, pero respira, abrió los ojos y hasta sonríe…pero es tan chiquitita-
Dicho esto la envolvió en unas toallas que Laura prestamente le había pasado y la acercó a María. Esta miró a su hija sin poder creerlo, era su primera hija, una niñita, y tan chiquita, tan frágil, la abrazó contra su pecho y quiso absorber este momento mágico entre ambas mirándola y tratando de grabar en su mente cada detalle del rostro de su hija, cuando la niña volvió a sonreír. Entonces María también sonrió y dijo firme: 
-Mi hija va a vivir, no importa que tan pequeñita sea, vivirá- y dicha esta sentencia apoyó a la niña suavemente en su pecho para que intentara mamar. La pequeña abrió su boquita y se asió firmemente al pezón de su madre intentando obtener alimento. 
Aurelia se incorporó al fin y se dirigió hacia la cocina de la casa y llamó a Laura, lo más disimuladamente posible.
-Déjalas solas, nadie sabe cuanto va a vivir esa pobre niña- y luego agregó como para sí- Ojalá Juan llegue pronto- 
Recién en ese momento se dio cuenta de la presencia de Ernesto y Rogelio, ambos sentados en un rincón de la cocina muy callados. Se acercó a ellos y les dijo suavemente: 
-Vayan a conocer a su hermana, es muy pequeñita y difícilmente viva, por eso es mejor que la vean ahora, pero no molesten a su mamá que está cansada- 
Los niños salieron corriendo hacia el cuarto de su madre cuando recordaron lo que la comadre Aurelia acababa de advertirles entonces sosegaron su marcha, pero aún a paso vivo entraron a verlas. 
Aurelia le pidió a Laura que fuese hasta el almacén donde estaba el único teléfono del pueblo y que hablase al Doctor Martínez para que lo pusiera al tanto de lo sucedido y le pidiera si podía llegarse por Villavieja lo más pronto posible en vista de lo apremiante de la situación. Así lo hizo Laura y partió lo más rápido que pudo a llamar por teléfono. 
Mientras tanto Aurelia se paró en la puerta de la casa para divisar si se veía Juan. La madre de Laura se acercó a conversar para cerciorarse del estado de María. Para ella, María representaba lo que Laura jamás llegaría a ser. Pensaba que era muy difícil que algún día su Laura le diera nietos, por ello los hijos de Juan y María eran parte de su familia, sus nietos postizos y los sobrinos de Laura. La señora Adriana, como la conocían sus vecinos, era una mujer muy dulce y había sido en extremo paciente y comprensiva con Laura, su hija de la vejez. Había aceptado con resignación su destino y se sentía feliz al ver crecer a Laura querida por todos y sin que nadie hiciese diferencias con ella. Se sentía especialmente agradecida con María quien destinaba tiempo, que pudo haber dedicado a sus tantas tareas, a enseñar a Laura a tejer, a bordar y otras manualidades que a su hija le costaban mucho, pero que la hacían sentir útil e importante cuando la felicitaban por los hermosos cubrecamas tejidos a crochet, las cortinas bordadas, los manteles deshilados. Por eso se alarmó cuando supo que María estaba enferma. En los años que la conocía jamás la había visto siquiera quejarse de cansancio. Todo esto estaba contándole a Aurelia, luego que ella la pusiera al tanto de lo ocurrido en la casa, cuando al final de la calle vieron la figura de un hombre fornido, de paso firme que se dirigía cabizbajo hacia ellas. Era Juan que volvía de trabajar. Traía una bolsa de mercadería que seguramente pasó a buscar por lo de Don Artemio al bajar de sus faenas. Cuando llegó, la Señora Adriana le dijo que sus cuatro hijos más pequeños habían cenado y dormían ya en su casa y dejo a Aurelia que lo pusiera al tanto de los acontecimientos del día. Esta lo hizo con el mayor tacto posible, dado lo delicado del estado de madre e hija, a su entender. Pero Juan pareció no oír esta parte y salió a grandes zancadas hacia donde se encontraban María y la niña junto a sus dos hijos mayores. 
Entró al cuarto con los ojos bañados en lágrimas, y se acercó a la cama donde estaba su mujer y su hija. Causaba extrañeza ver a este hombretón, rústico y a veces hasta con apariencia hostil, acercarse con tanta ternura y emoción pintadas en su rostro. María dormía, agotada por todo lo que le había tocado vivir, con un pequeño bultito en los brazos que gorgojeaba suavemente. Juan tomó a la niña y la acercó a Ernesto y Rogelio a la vez que les decía: -Denle la bienvenida a la nueva integrante de nuestra familia.-
Los niños rieron felices cuando vieron ese rostro tan diminuto de grandes ojos que sonreía. 
–Un hijo siempre es una bendición y no seremos nosotros quienes no estemos felices de recibirla, aunque me preocupa cómo vamos a vestirla siendo tan chiquita-
Mientras decía esto se restregaba su barba con la mano libre y luego dijo: 
-Pero, ¿Cómo vamos a llamarla?-
En ese preciso momento despertó María de su somnolencia y miró a su marido que tenía a la bebé en brazos.
-¿Te preguntas cómo llamarla? Yo creo que tiene que llamarse Laura Aurelia, que es el nombre de las dos que estuvieron a mi lado en un momento tan especial- 
-Laura Aurelia…murmuró Juan poco convencido…Laura Aurelia…¿Y por qué no Laurelia?-
-Pero, ese nombre no existe-
-Por eso mismo, porque nuestra hija es un milagro único, Laurelia es el mejor nombre-
Y así fue que llegó al mundo Laurelia en un pequeño pueblo cordillerano llamado Villa Vieja y que llevó tal nombre. 
Hoy ese pueblo ya no existe y no hay ni siquiera rastros de que alguna vez haya existido, pero yo sé que así fue y voy a contarles todo lo que allí sucedió a partir del nacimiento de Laurelia. 




Y para que vean que conozco verdaderamente esta historia aquí está una foto de Laurelia que obtuve cuando ella tenía ocho años, aunque a eso no lo puedo precisar exactamente ya que no anoté la fecha y ella desde los dos años hasta que yo lo recuerde se vio siempre del mismo tamaño y su carita jamás cambió, incluso cuando tuvo hijos …pero esa, esa es otra historia.

Comentarios

  1. AMIGA ME ENCANTA, PERO COMO TENEMOS UN ESPACIO DETERMINADO EN LA REVISTA, EN CASO DE REPRODUCIRLO TENDRE QUE HACER UNA SINTESIS, O UN RESUMEN DEL MISMO... VISITA la revista en el enlace http://issuu.com/arnoldorodriguezcabrera, un saludo

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    1. Estimado estuve mirando tu revista y me gustó mucho. Bueno yo tengo algunas cosas en las tematicas en que ustedes publican que tal puedan interesarle como lo con los siguientes poemas
      http://poemastrasnochados.blogspot.cl/2016/10/tengo-tanto-frio.html
      ese esta dedicado a las mujeres que mueren asesinadas en manos de sus parejas
      https://poemastrasnochados.blogspot.cl/2016/12/cajellera-sin-descanso.html
      Este es de las niñas que ejercen la prostitución en las calles
      http://poemastrasnochados.blogspot.cl/2016/11/el-nino-de-agua-y-sal.html
      este otro a los niños balseros cubanos que han muerto ahogados
      http://poemastrasnochados.blogspot.cl/2016/11/mujer_28.html
      este a las mujeres que a pesar de la edad se atreven a amar... y bueno muchos más que podrás encontrar en este blog. Gracias por leer mis escritos. A veces este es el único canal que uno tiene para mostrar su trabajo si no tiene como llegar a editoriales y publicaciones.
      Tal vez uno nunca gane dinero con esto, pero si tenemos lectora y seguidores nos queda la satisfacción de haber sabido llegar con nuestras letras.

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