El niño de agua y sal




Caminé con mis pies pequeños por calles pedregosas.
La vida fue una continua lucha por sobrevivir dignamente
Crecí jugando a comer más tarde y a alumbrarme con la luna.
Viví apartado del mundo y para no extrañarlo me fui creando uno mío

Soñaba tendido en los balcones donde el aire estaba ausente
que un día sería libre y podría ver otros cielos con nubes diferentes.
Quería viajar y ver más allá, conocer otros colores y sabores,
traspasar los barrotes de mar que a mi infancia encarcelaban.

Una noche salí furtivo, abrazado a la esperanza de volar,
me subí a una balsa, y lleno de sueños, me hice a la mar.
Eran sólo noventa millas la que tenía que atravesar
y partí entre las tinieblas, soñando con un mejor despertar.

La noche cálida y húmeda se desgajó en rayos incandescentes
y con el correr de las horas comenzó a escalar el sol.
El  mar se convirtió en un inmenso salón azul, ideal para bailar
Mi balsa danzó a un ritmo tenue durante ese primer día... apenas si se atrevía.
Para el segundo amaneció castigada por alisios destemplados
mientras una lluvia furiosa limpio palos y desbarató amarras.

Había que sobrevivir haciéndose uno con los maderos destartalados
Y terminé navegando,  amarrado mi cuerpecito débil  a a esos palos
El agua despiadada castigaba  por cada flanco y me bamboleaba exhausto.
Se soltaron las amarras y mis manitas se entumecieron de frío y espanto.
Entonces miré hacia el fondo donde me esperaban mis amigos.
Los vi danzar, los vi reír, correr, y peregrinar en un océano sin límites.

Entonces me solté despacio y me fui con ellos jugando.
Me convertí en olas, y en espuma, en canciones y añoranzas.
Me volví azul como el océano morando en un mundo sin fronteras
Ya no soy cubano, ni inmigrante, no soy balsero, ni estoy errante
Soy un niño de agua y sal, de olas, crestas y rompientes

que deambula por un mundo que no pudo cobijarlo.


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