REQUIEM PARA UNA MUERTE SIN SENTIDO
Ella llegó al mundo sin saber lo que le esperaba. Lloró poquito, como para no molestar. Caminó rápido, para que nadie tuviera que cargarla. Comió lo que le daban. Y todos decían que era una buena niña...
La vida implacable la hizo crecer, en medio de enfermedades que fueron mutilando lo que pudo ser un cuerpo perfecto. Llegó a la juventud con cicatrices de la batalla por crecer y tuvo que salir a la vida. Trabajó en lo que pudo y encontró. No dejo de hacer nada. A veces cansada perdió el aliento, pero el futuro era un sueño por el cual luchar sin claudicaciones. La mocedad floreció en su cuerpo, pero el aroma puro de sus encantos fue arrebatado por licenciosas manos y lascivos cuerpos sin siquisiera consultarlo. Ella bajó la cabeza y siguió. Se dijo "pronto será pasado". Pero el presente que le siguió la fue mutilando poco a poco. Los años de dolor tras dolor la fueron marchitando.
Hasta que un día al borde de la muerte una mano se extendió para ayudarla. Ella por fin sonrió, por fin creyó. Una vida...era toda una vida esperando ese gesto de amor. Al fin todo quedaría en el pasado. Cerró los ojos para disfrutar el momento...entonces la mano amiga tomó sus últimos bártulos y la empujó al precipicio.
Ella rodó con los ojos cerrados y su cabeza estalló contra el asfalto. En el último momento pensó: No era necesario esto porque en realidad no me quedaba nada.
Luego cerró los ojos y se enfrió de a poquito. Sus restos son diminutos y de poco peso, como para no pesar tanto a quienes deban enterrarla.

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