Dueño y amo del paraíso
He recorrido la vida abriendo caminos,
a porrazos de repente, otras facilmente.
Andado y desandado, ganado y perdiendo.
Riendo a carcajadas y llorando sin sentido.
Aprendiendo de la nada, leyendo todos los libros.
Escribiendo a sangre sobre mi piel desnuda
Arropándome de sueños sin hastíos.
Me he levantado del barro y tantas he caído.
He triunfado y fracasado, he mirado el vacío.
He sido dueña y esclava, caminante sin camino.
He gozado de la nada y con la nada he vivido.
Me he maravillado de los ojos inocentes
he sobrevivido a las miradas vacías.
He amado el amor de sólo presentirlo.
He construido nidos vacíos de amor y caricias.
Y he cobijado con sosiego y frenesí a mis hijos.
Entonces cuando todo parece ser viento,
tarde de otoño con viejos coloridos,
aparecen tus ojos iluminando mi destierro.
Iluminas mi alma y mis cansados atardeceres.
Te eriges hombre, dueño y amo del paraíso,
me miras y me invitas a desandar el camino.
Y me siento desnuda ante tu mirada esplendorosa.
Me vuelvo toda ansiedad de tu boca que me nombra.
Y después de tanta vida, no se a que jugar con tus manos.
Con tu piel suave y tersa que me invita a amarte.
Si todo lo supe, ahora no se nada, soy toda suspiros.
Mientras te miro, oh amor, que tienes un nombre
y que lo grabas en mi sangre para repetirlo.
No me atrevo a dar un paso mas allá del camino
porque te eriges hombre, dueño y amo de mi destino.

Comentarios
Publicar un comentario